Los negocios piramidales en la iglesia cristiana

En todo este tiempo en el que llevo hablando de abuso espiritual, me he topado con muchos testimonios de personas que tienen el mismo hilo conductor: pastores que exigen a sus líderes participar de negocios piramidales y/o multinivel para seguir siendo parte del liderazgo. Me refiero a negocios tales como Herbalife, Mary Kay, Avon, NüSkin, Amway, etc.

Más allá de que muchos puedan debatirme que algunos de estos ejemplos no son negocios piramidales sino multinivel, debemos prestarle atención a algo que tanto negocios piramidales como multinivel tienen en común: ambos necesitan que la persona que ingresa al negocio logre meter más participantes, y que estos metan más personas, y así el ciclo va repitiéndose. Quienes están más arriba de la pirámide ganan por las personas que lograron meter a su círculo. La diferencia entre un negocio piramidal (estafa financiera prohibida en la mayoría de los países) y el negocio multinivel es muy finita, y en muchos casos, imperceptible. Quienes participan de estos negocios plantean que ellos no son un negocio piramidal porque en los negocios piramidales hay que poner una gran suma de dinero para participar, sin recibir nada a cambio. En los negocios multinivel las personas también pagan una gran suma para entrar, pero a cambio reciben productos físicos o contenido online (acceso a videos, maquillaje, productos para adelgazar, etc). Al mismo tiempo, van subiendo de «nivel» y ganan dinero extra por la gente que ingresan a su negocio. Esos rangos tienen diferentes nombres según el tipo de negocio (platino, diamante, etc).

En los últimos años, los negocios multinivel se empezaron a mezclarse con las iglesias locales, hasta el punto que existen pastores que ponen como requisito el participar de estos negocios para formar parte del grupo pastoral o del liderazgo. Quienes no desean participar, son tildados de «no entender la visión», de rebeldes por desobedecer a lo que dice el pastor, o directamente de estar desobedeciendo a Dios.

Las personas muchas veces son confundidas y manipuladas porque los pastores usan de su persuasión e influencia para participar, hasta el punto muchas veces de incentivar a las personas desde el púlpito. Muchos congregantes llegan a la conclusión: «Este negocio debe ser real (o peor, «este negocio es de Dios») porque me lo está proponiendo un ‘hombre de Dios'». Estos pastores mezclan la palabra de Dios con discursos motivacionales, diciéndoles a las personas que ese negocio será su oportunidad de alcanzar «libertad financiera». La propuesta siempre suele ser tentadora porque suele ir acompañada de «testimonios» de personas que se volvieron ricos de la noche a la mañana. Además, el modelo piramidal de iglesia suele ser el medio ambiente ideal para que estos negocios funcionen, ya que las personas en iglesias así ya suelen tener un «rango», por lo que no ven nada negativo o peligroso en la estructura del negocio propuesto por el pastor. Incluso en el hipotético caso de que todos los que ingresan al negocio tengan éxito (lo que no es así en el 99% de los casos), no es ético que una figura religiosa haga uso de su plataforma con fines económicos.

Para quienes nunca han visto una iglesia así, les debe parecer muy raro todo esto que les estoy contando, pero es una «moda» que comenzó en las iglesias locales americanas y que se está extendiendo por toda Latinoamérica, y por eso vale la pena estar atentos a estas señales.

En estas iglesias en donde el liderazgo está involucrado en un negocio piramidal o multinivel, las células o grupos pequeños pasan a ser «presentaciones de negocio», en donde el objetivo de predicar a Jesús y de estudiar la Palabra se desdibuja y los líderes mezclan la enseñanza de la Palabra con el incentivar a los participantes de entrar al negocio. Pero todo esto es muy sutil, y de hecho, muchas iglesias hablan de «oportunidades evangelísticas» a la presentación de negocio, camuflando que hay un objetivo económico detrás.

Cuando las personas son expuestas a una iglesia mezclada con un negocio multinivel, rápidamente son persuadidas a participar porque piensan: «A todos parece irle bien, y me lo está proponiendo un hombre de Dios». Lamentablemente, esto no siempre es así y quienes están en la base de la pirámide suelen ser los más afectados. De manera personal, en estos últimos meses he recibido muchos testimonios de familias enteras que han dejado sus trabajos para dedicarse de lleno al negocio propuesto por el pastor, confundidos y pensando que estaban obedeciendo a Dios. ¿El resultado? Terminaron endeudados, confundidos y decepcionados, con productos que no pudieron vender, y pasando necesidad. Cuando les plantean este problema a los pastores, éstos les dicen que es problema de ellos por no educarse, por no esforzarse, y por no dar al máximo.

De manera personal, cada uno puede participar del negocio que quiera. Eso incluye a los pastores, obviamente. Pero cuando se empieza a predicar y a incentivar desde el púlpito y/o desde los grupos pequeños o células a participar de un negocio que «va a resolver tu vida y darte libertad financiera», estamos entrando en terrenos peligrosos y eso también es abuso espiritual.

¿Te pasó o escuchaste de algo parecido?

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