los peligros del evangelio de la prosperidad

Hoy en día existen muchas corrientes del Evangelio. Una de ellas, es el evangelio de la prosperidad. Según esta doctrina, la única forma en la que Dios manifiesta su aprobación o desaprobación ante nosotros es según nuestras posesiones materiales, el éxito financiero, buena salud, ropa cara, muchas propiedades, automóviles de lujo, etc. Es decir, según este evangelio, si nuestra cuenta bancaria tiene varios ceros, significa que Dios nos está aprobando.

Este evangelio de la prosperidad también afirma que los cristianos accederán a tales bendiciones haciendo “siembras de fe”, ofrendas extraordinarias, o “pactos” con el Señor, además de centrarse demasiado en enseñar sobre la importancia de las ofrendas y los diezmos.

En resumen, el grado de adquisición material suele equipararse con la aprobación de Dios.

Aunque la Biblia enseña que Dios anhela que seamos prosperados (2 Corintios 9:11), esta prosperidad es una consecuencia de poner como enfoque y centro de nuestra vida a Jesús. El Evangelio de la prosperidad pone a las riquezas como el fin máximo en sí.

En estas iglesias, las personas aprenden más sobre pactar, dar ofrendas y esperar milagros financieros, que a compartir el Evangelio y conocer a la persona de Jesús. Por eso, pienso que ahí radican la mayoría de los problemas con el evangelio de la prosperidad: se termina adorando más a la creación que al Creador, a lo que Dios puede hacer más que a quien Dios es. Se presenta a Dios como “el genio de la lámpara” y no como el Salvador de nuestras vidas.

Así, las personas terminan por ver a Jesús como alguien al servicio de ellos mismos, y acaban por no conocer a Jesús, pero sí a lo que Él puede hacer por ellos. El evangelio de la prosperidad es un evangelio en donde se plantea a Dios al servicio de nosotros, y no a nosotros al servicio de Dios.

El correcto balance: ni un extremo ni el otro

Respecto al tema del dinero, existen muchos cristianos que se van a los extremos: por un lado, están quienes son engañados por la doctrina del evangelio de la prosperidad y todo lo miden según su éxito material y económico. Estas personas cuando no son prosperadas en esas áreas, piensan que Dios no las está aprobando o que algo están haciendo mal.

Por otro lado, están quienes son totalmente tacaños y no desean pagar absolutamente nada, ni darle dinero a nadie, y por lo tanto, muchas veces a estas personas les viene pobreza por retener dinero de más (Proverbios 11:24)

Quizás te sorprenda, pero las personas que más idolatran al dinero no son, a veces, necesariamente las más millonarias. Hay muchas personas pobres que aman tanto al dinero, que no dan ni siquiera un centavo, ni lo pueden disfrutar, ni invertir, y están siempre endeudados. Estas personas son las que suelen ser más atraídas a las iglesias con doctrina del evangelio de la prosperidad, ya que buscan soluciones mágicas que los saquen de la miseria y las deudas. En vez de esperar ganarse la lotería, esperan que luego de hacer el “pacto” con Dios, sus deudas se solucionen.

Por otro lado, hay quienes consciente o inconscientemente hacen un voto de pobreza y piensan que su pobreza es una señal de que son personas espirituales o bondadosas. Estas personas suelen pensar: “Pobre pero honrado”, “Los ricos son malos”, etc.

Personalmente, pienso que la clave está en encontrar el correcto balance.

La Biblia enseña:

Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma. (3 Juan 1:2)

Este pasaje lo que nos da cuenta es que debemos recordar es que somos cuerpo, alma y espíritu. Y que no debemos descuidar ninguna de las 3 áreas para ser prosperados de manera armónica. Esto también incluye el ser prosperados en el área material.

La Palabra dice también:

Ustedes serán enriquecidos en todo sentido para que en toda ocasión puedan ser generosos, y para que por medio de nosotros la generosidad de ustedes resulte en acciones de gracias a Dios. (2 Corintios 9:11)

Dios quiere que seamos enriquecidos y prosperados para poder ser generosos también con los demás, siempre y cuando esta prosperidad sea acorde a la prosperidad de nuestra alma, tal como señala el pasaje anterior.

Pero por otro lado, también la Biblia enseña:

“Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.” (Filipenses 4:12-13)

“Él hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos.” (Mateo 5:45)

Lo que dicen estos pasajes es que también Dios quiere que sepamos vivir en abundancia y en escasez. El “saber vivir” del que habla Pablo en Filipenses, tiene que ver con poder encontrarle el sentido de propósito a cada temporada, sabiendo que ninguna de las dos (la abundancia y la escasez) duran para siempre.

Hay temporadas de abundancia y temporadas de escasez, y eso forma parte de la vida cristiana y de la transformación de nuestro carácter.

Quienes predican y creen en el Evangelio de la prosperidad, ven a las temporadas de escasez como una señal de desaprobación de Dios. Por eso, muchos terminan endeudados cuando vienen las épocas de “vacas flacas” solo para aparentar seguir teniendo un estatus económico que en verdad no tienen y no ser criticados por los demás.

Entonces, ¿por qué las personas que hacen pactos económicos son prosperadas?

Creo que los cristianos desconocemos muchísimo el poder de nuestras palabras, pensamientos e intenciones. De hecho, me animaría a decir que la nueva era o demás falsas religiones conocen mucho más de estos aspectos que nosotros, y hacen uso de esas verdades más que nosotros, quienes tenemos un acceso legal a ellas por medio de Jesucristo.

Personalmente, pienso que la intención y la fe con la que las personas “siembran” o “hacen pactos” económicos en las iglesias de la prosperidad, es lo que finalmente hace que reciban el “milagro financiero” que están esperando. Sin embargo, creo que eso no significa verdadera prosperidad según la Biblia, sino prosperidad según los parámetros del mundo, ya que como vimos, según la Escritura la prosperidad siempre debe ir acompañada de la prosperidad de nuestra alma.

Por otro lado, muchas de estas personas, a pesar de recibir la respuesta económica que estaban buscando, igualmente siguen acumulando deudas porque no saben ni se les enseña cómo administrar ese dinero. Por lo tanto, tiempo después de recibir el “milagro financiero”, necesitan otro. Así, las personas se mantienen dependientes y jamás aprenden a ser verdaderamente libres en área financiera.

A veces como cristianos cometemos el error de creer que el fruto del Espíritu es el éxito según este mundo: dinero, influencia o seguidores, fama, poder, etc. pero la Biblia enseña que el fruto del Espíritu es “amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza” (Gálatas 5:22-23) Y estos frutos tienen más que ver con el carácter que con el número de nuestra cuenta bancaria.

Conclusión:

La prosperidad económica y el éxito material no son el parámetro para medir la aprobación o desaprobación de Dios sobre nuestras vidas.

Dios quiere que seamos prosperados en el área económica para que seamos libres para poder ser generosos, y esa prosperidad tiene más que ver con trabajar, aprender educación financiera, y ser sabios con el dinero, más que con esperar un “milagro financiero” y/o ser extremadamente tacaños. E incluso así, siempre habrá buenas y malas temporadas para que Dios pueda seguir trabajando en nuestro carácter.

¿Con qué vara estás midiendo tu éxito? ¿Con la del mundo o con la de los frutos del Espíritu?

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