¿Y qué pasa si no me siento “bendecido y en victoria”?

Estamos viviendo tiempos raros con todo esto de la cuarentena por el Coronavirus. Mucha gente está experimentando ansiedad, miedo, incertidumbre, tristeza… Y también tener tanto tiempo extra a veces nos puede hacer pensar de más (y eso puede ser muy bueno ¡o muy malo!) Este blog lo escribí hace algunas semanas –antes de que arranque la cuarentena en Argentina– pero en su momento no se sintió bien publicarlo inmediatamente y ahora entiendo que es porque era para ahora.


 

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“Mirá todo lo que Dios te da, ¡tenés muchos motivos para ser feliz! No estés triste”, “La depresión es un espíritu maligno, ¡vamos a tomar autoridad y orar para que Dios la quite!”, “Estar enojado es pecado, voy a orar por eso”. ¿Escuchaste, dijiste o te dijeron alguna de esas frases en la Iglesia o en algún ámbito cristiano? Me sorprendería si no. Todos hemos pasado alguna vez por tristeza, enojo, soledad, etc. y al compartirlo con los líderes o pastores, es muy probable que hayamos escuchado alguna respuesta así. También es probable que vos le hayas dicho a otro estos consejos, incluso sabiendo que vos también a veces los tenías. Y está bien: todos estamos aprendiendo.

 

Sentimientos negativos vs. sentimientos positivos

Por alguna extraña razón, la sociedad ha categorizado a ciertos sentimientos como negativos y otros como positivos. Así, por ejemplo, la alegría o la felicidad son sentimientos positivos porque nos hacen sentir bien, mientras que la tristeza y la soledad son sentimientos negativos porque nos hacen sentir mal. La Iglesia, al formar parte de la sociedad, ha tomado esta categorización arbitraria y humana sin detenerse a pensar si la misma es bíblica o si nace del corazón de Dios.

Así, en las comunidades cristianas se nos enseña a pasar por alto a las “emociones negativas” y a reemplazarlas con “emociones positivas” a través de la oración, la repetición de frases o versículos, el pensamiento positivo, etc; minimizando así los sentimientos reales –y válidas–. Entonces, por ejemplo, si estamos tristes, nos dirán cosas como “¡Mirá todo lo que Dios te ha dado! ¡No estés triste!”

No fui criada como cristiana. Conocí a Jesús a los 20 años. Y en la Iglesia se me (mal) enseñó que el alma era inherentemente malvada. Arbitrariamente y de un día para el otro, se me enseñó que mis sentimientos eran malvados porque provenían del alma.

Este concepto que dice que el alma es malvada y que todo lo que sale de ella también, no solo es bíblicamente erróneo sino que ha causado muchísima vergüenza entre los creyentes. Si el alma es malvada, ¿por qué Dios nos daría una? ¿Por qué Jesús nos mandaría a adorarlo con el alma? ¿Por qué David -hombre conforme al corazón de Dios- le ordenaría a su alma que adore al Señor? Simplemente porque el alma ES. No es ni buena ni mala. Está ahí por un propósito y una razón. El desafío es no dejarnos dominar por algunos sentimientos y medir todo a la luz de la Palabra de Dios, pero sentir no es malo: es un síntoma de que sos un ser humano. Dios quiere que sintamos y por eso nos regaló un alma. Decir que el alma es mala solamente porque nos hace sentir cosas negativas, equivale a decir que la boca es mala porque con ella también maldecimos.

Todos los cristianos, con el tiempo, empezamos a creer que hay emociones malas gracias a la falta de entendimiento de la Iglesia sobre los sentimientos. Y así llegamos a pensar que atravesar ciertos sentimientos “negativos” son pecado.

 

Ser como Jesús

Para comenzar, hay que decir que Jesús atravesó enojo, hastío, se sintió solo, estuvo triste, se sintió vulnerable, fue rechazado, fue malentendido, tuvo ganas de no cumplir su propósito. Y no pecó nunca. ¿Qué quiere decir esto? Que las emociones “negativas” (es decir, que nos causan dolor) no son pecado. Pueden llegar a serlo, sí, pero también se pueden usar estos sentimientos para bien.

Jesús no negó sus sentimientos. No los tapó. Los aceptó, los confesó, los dominó cuando fue necesario (como cuando tuvo ganas de no ir a la cruz -Marcos 14:36-) y dejó que saliesen cuando lo consideró apropiado (como cuando destrozó las mesas de los mercaderes -Marcos 11:15-, como cuando lloró de impotencia ante la incredulidad ante la tumba de Lázaro -Juan 11:35-, como cuando exclamó “¡¿Hasta cuando los he de soportar?!” harto de sus discípulos -Mateo 17:17-, etc.)

Ser como Jesús también incluye no tapar ni negar lo que sentimos.

Nadie quiere tener sentimientos “negativos”. No queremos el dolor, queremos anestesiarlo. Y usamos diferentes técnicas para esto: mirar tv todo el día, trabajando de más, comiendo (o dejando de comer), etc. No queremos sentirnos vulnerables. Pero esa es una actitud inmadura.

Alguien maduro no es aquella que “no siente nada”. Todo lo contrario. Aquel que dice que ya no tiene sentimientos negativos es o mentiroso o arrogante –y más probablemente las dos cosas–. Una persona emocionalmente inteligente es la que encuentra un balance entre sus emociones y la razón. Es la que se dice: “Me siento triste hoy. ¿Qué voy a hacer al respecto?”

Nadie quiere sentir dolor, pero es justamente atravesando el dolor donde encontramos sanidad.

Los sentimientos tienen la función de mostrarnos en qué área tenemos que trabajar en nosotros mismos. Las emociones tienen mucho poder. Podemos transformarlas en algo bueno o en algo malo. Las emociones son energía pura, y tenemos la capacidad de elegir qué hacer con ella.

 

“Bendecido y en victoria”

“Jesús se llevó todos mis problemas”, “Dios se llevó mi depresión”, “Jesús me sacó los pensamientos negativos”, todos hemos escuchado testimonios así, ¿no? De hecho, puede que hayas llegado a conocer a Dios a través de un testimonio así. Yo conocí al Señor cuando estaba atravesando una depresión y alguien me dijo que Jesús se iba a llevar todas mi emociones negativas. Y así fue. Conocí a Dios y me sentí feliz. Pero al tiempo la depresión volvió. Y cuando los sentimientos negativos vuelven, es cuando muchos eligen volver atrás y alejarse de Dios.

Muchos pastores suelen decir “es que era una persona emocionada, en realidad nunca fue salvo”. Yo no estoy de acuerdo con esa declaración. Pienso que el problema es la forma en la que “vendemos el producto”, es decir, con nuestra predicación. Creamos una falsa expectativa en las personas, una ilusión de que Jesús va a venir a arrancar toda las “emociones negativas”, cuando en el fondo sabemos que no es así porque nosotros mismos todavía las experimentamos.

Si creemos que que Jesús se lleva toda nuestro/a ______ (inserte emoción negativa: tristeza, enojo, soledad, envidia, celos, etc.) entonces al experimentar esos sentimientos –porque es literalmente IMPOSIBLE dejar de sentirlos– vamos a sentir que la efectividad de Jesús no es suficiente. Entonces vamos a optar por dos formas de pensamiento: por un lado, vamos a sentir que estamos “fallándole” a nuestros líderes y pastores, a la iglesia, etc. O peor: vamos a sentir que hay algo malo en nosotros mismos porque la efectividad de Jesús no fue suficiente con nosotros. Y ahí entra en juego la vergüenza, que nos impide hablar y empezamos a tapar esos sentimientos.

“Bendecido y en victoria”, es la muletilla cristiana que muchos repiten al preguntarles cómo están. Y si bien entiendo el corazón de las personas detrás de esta frase, ¿qué pasaría si fuésemos realmente honestos con cómo nos sentimos? ¿Eso mostraría que Jesús es menos efectivo? Pienso que todo lo contrario: nos mostraría dependientes de Dios y menos arrogantes.

El cuerpo de Cristo necesita más formación en lo que refiere a la educación emocional y la psicología.

 

Ser sensible it’s not a crime

“Es una mezcla de carne y espíritu”, me dijo una vez un líder al preguntarle por qué sentía siempre tantas ganas de llorar en los momentos íntimos de adoración con el Señor. Yo recién empezaba a caminar con Dios, por lo que eso creó confusión en mí. Y a eso, como ya conté, se le sumaron enseñanzas que me hicieron creer por mucho tiempo que sentir estaba mal. Me hicieron creer que tenía que odiar mis emociones.

Somos seres emocionales. Dios nos da permiso para ser sensibles. Si no me creen, lean los Salmos. Si no tuviésemos derecho a ser sensibles, no existirían los Salmos en la Biblia. 

La realidad es que aceptar nuestra sensibilidad es parte de conocernos a nosotros mismos, y sin conocernos a nosotros mismos no podemos conocer 100% a Dios.

Mirar nuestras emociones en un espejo y aceptarlas es aceptar el diseño de Dios en nuestras vidas. Sé que muchos van a decirme “¿y qué hay del carácter?”. A ellos les digo, ¿quién les hizo creer que desarrollar carácter es negar las emociones? Jesús tuvo mucho carácter. David también. Elías también. Todos ellos fueron sensibles.

“No podemos conocer a Dios si no nos conocemos a nosotros mismos, y no podemos conocernos a nosotros mismos si no conocemos a Dios”

Calvino

Desarrollar carácter no es negar la emoción o taparla. Es hacer un alto, pasar un rato en la emoción y darnos derecho a sentirla, y luego pensar: “Ok, me siento triste/celoso/solo, etc. ¿Qué puedo hacer al respecto? ¿Qué me está mostrando esto que siento?”

Si miramos a los personajes bíblicos más famosos, vemos que antes de usarlos para algún propósito importante, Dios no solo les sana la autoestima: Dios hacía que primero se conociesen a ellos mismos. Más se conocían a sí mismos, más conocían a Dios. Eso es verdadera intimidad con Dios. Es mirar nuestras áreas menos bonitas e invitarlo a Él ahí también. Y ahí Él también se muestra más.

Pensá en algún momento de profunda conexión con tus mejores amigos o tu pareja. Seguramente recuerdes una conversación en la que ambos fueron vulnerables, pero fue ahí justamente cuando realmente conectaron de verdad. Lo mismo pasa con Dios. Más vulnerables somos, más real se hace Dios.

 

Los hombres y las emociones

Si volvemos a la cuestión cultural, a los hombres les es mucho más difícil aceptar y hablar de sus emociones. Tampoco les gusta hablar de emociones propias y ajenas. Por qué pasa esto, no lo vamos a abordar ahora porque tiene una pluralidad causal tan amplia que estaríamos horas hablando al respecto. Pero lo cierto es que, salvo excepciones en donde es al revés, a la mayoría de los hombres les cuesta más conectar con su vulnerabilidad.

Si pensamos en que la mayoría de las iglesias están lideradas piramidalmente por hombres, entonces estamos ante un gran problema en lo que a emociones se refiere. Los hombres quieren resolver el problema o dar un diagnóstico rápido, las mujeres quieren hablar de lo que sienten. Eso incluye a los pastores.

A veces las personas solamente quieren hablar de lo que les pasa. A veces nosotros queremos hablar con alguien que nos escuche y no nos diagnostique. Es por eso que hay situaciones en las que tenemos que callarnos la boca y NO decirle a las personas que están atravesando dolor “Bueno, todas las cosas nos ayudan para bien”, sino conectar realmente con ellas. Necesitamos más gente en el cuerpo de Cristo que llore con los que lloren. Hay muchos consejeros y pocos oídos.

 

Jesús & Terapia

¿Cuál sería la solución ante este problema? Ya mencioné que pienso que el cuerpo ministerial de cada iglesia debería estar conformado por profesionales. Pero también un buen pastor es no solo el que te escucha sin diagnosticar, sino el que es suficientemente sincero como para decirte que necesitás ayuda profesional.

Sí, pienso que Dios puede sanar heridas emocionales rápidamente. Creo en el poder de la oración. Si alguien se ofrece a orar por vos cuando estás atravesando un momento difícil, aceptalo. Pero existe también esta realidad: Dios puede sanarte a través de una oración y también puede usar un buen psicólogo y/o psiquiatra para sanarte.

Me enoja mucho cuando escucho a líderes que desde el púlpito predican en contra de ir a psicólogos o psiquiatras, porque crean vergüenza en las personas que van a la iglesia y también usan ayuda profesional. No hay diferencia entre ir al médico clínico para sanar el cuerpo e ir a terapia a sanar la mente y el alma. Hay personas que fueron muy lastimadas  y necesitan un experto para encontrar verdadera sanidad –que NO tiene necesariamente que ser cristiano–

 

“Jesús es suficiente”

La idea de que “Jesús es suficiente” como respuesta cuando alguien tiene una herida emocional, ha traído más vergüenza y daño a las personas lastimadas emocionalmente que cualquier otra frase. Jesús no sanó a todos de la misma manera. Si alguien de tu iglesia te dice que no necesitás terapia porque Jesús basta, que yendo a la iglesia es suficiente, que la oración basta, entonces es un indicativo negativo de que no estás en un lugar sano.

Ningún líder debería jamás juzgar que vayas al psicólogo o al psiquiatra. Vos sabés lo que te sirve a vos. Sí, seguramente estas personas tengan buenas intenciones y seguramente no sean malas personas, pero no tienen el derecho a juzgar tus decisiones sencillamente porque no vivieron lo mismo que vos.

 

¿Y cómo lo llevo a la práctica?

Suena hermoso todo esto, ¿no? ¿Se imaginan una Iglesia en la que nadie tenga que tapar como se sienta y no tenga que tener vergüenza por ir al psicólogo? Yo creo que así será la Iglesia del futuro. Pero trabajar en pos de eso empieza hoy.

¿Cómo puedo hacer esto en mi iglesia? ¿Cómo puedo hacer que en mi iglesia sean más vulnerables? Si queres hablar de algo vulnerable o doloroso con alguien de tu iglesia y tenés miedo que subestimen lo que te pasa, podés empezar diciendo (antes de hablar): “Quiero decirte algo, solamente quiero que me escuches” y testeá si pueden escucharte sin decirte nada.

Empezá siendo vulnerable vos, primeramente con Dios y con vos mismo, y luego con los demás. Comenzá por algo no muy grande, y luego podés ir aumentando. Empezá por tu círculo de amistades. Si no les gusta, al menos lo intentaste. Pero si sos vulnerable vos, entonces vas a empezar a crear una cultura de vulnerabilidad alrededor tuyo, en donde las personas se van a comenzar a acercar a vos porque no ocultás lo que te pasa.

Empieza por vos y empieza por mí.

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