Queridos solteros: la vida no empieza en el matrimonio

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Tengo 30 años y soy soltera. Nunca soñé con un gran casamiento, pero desde que me convertí en cristiana hace diez años rápidamente me di cuenta que el tema del matrimonio era algo que todo campamento, conferencia y retiro espiritual siempre tocaba, sobre todo en los de mujeres.

Me llamaba la atención porque al no haber crecido en un ambiente cristiano, era poco lo que había pensado respecto al matrimonio. Creo que a los 20 ni siquiera me había imaginado a mí misma como esposa o madre, pero en la iglesia ya había varias chicas de mi edad casadas e incluso con hijos. De hecho, un gran porcentaje de las charlas con las chicas de la iglesia se centraban en ponerse de novias, casarse y formar una familia. No lo digo como crítica, simplemente me llamaba la atención. Y pasar los 30 sin casarse, era casi como una maldición. Ninguna quería llegar a eso, era casi como un error.

De cierta forma, el ser soltera era entendido por la mayoría como “la espera”, como una etapa de transición hacia “lo verdadero” o “lo mejor”. Tengo mis problemas con estos conceptos, que voy a desarrollar más adelante en este artículo. Por ahora, solamente voy a decir que sí creo que Dios quiere restaurar a las familias y levantar familias sanas. Pero también comprendo que hay predicadores que se centran tanto en la figura del matrimonio y las familias, que el mensaje implícito para los solteros es que nuestra soltería es algo que tiene que ser remediado, como si fuese un problema.

El resultado de estos mensajes familia-céntricos es que se crea cierta ilusión en la mente de los solteros. Casi como que se presenta al matrimonio como algo superior. Así, a pesar de que el apóstol Pablo nos exhorte a que los solteros no procuremos casarnos (1 Corintios 7:27), empezamos la carrera por conocer a nuestro idóneo/a. Y cuando no llega –y más aún cuando en nuestro círculo de amistades todos se empiezan a casar–, nos desesperamos y deprimimos. 

Yo misma “sufrí” mi soltería hasta los 26 años. En aquel entonces era líder de alabanza y servía mucho en la iglesia. Estudiaba, trabajaba y en mi tiempo libre estaba en la iglesia o con gente de la iglesia. Pero sentía que me faltaba algo para ser feliz. Mi soltería me deprimía mucho más de lo que estaba dispuesta a admitir. Y a pesar de que oraba por conocer al “idóneo”, no llegaba nunca. Sentía que mi vida iba realmente a comenzar cuando dijese “sí, quiero” frente a un altar.

Lo que yo no sabía entonces –y la mayoría de los solteros de la Iglesia no lo sabe– es que si sos infeliz estando soltero, vas a estar infeliz estando casado. Preguntale a cualquiera de tus amigos con quien tengas confianza, y te lo van a decir ellos: el matrimonio no es una solución mágica a los problemas. Por el contrario, a veces los acrecienta. Tu pareja está para apoyarte, para orar por vos, para ser tu ayuda idónea; pero su función principal no es hacerte feliz. Eso es responsabilidad tuya, de forma persona, independientemente de tu situación sentimental. Desarrollé más al respecto en este artículo.

La mayoría de los matrimonios fracasa porque ponen la felicidad como objetivo principal, pero Dios no creó el matrimonio con ese fin. La felicidad es un beneficio extra. De hecho, basar tu felicidad solamente en tu situación sentimental es algo totalmente irresponsable. Peor aún es que tu felicidad dependa de otra persona, de otra cosa, o de cualquier situación que no puedas controlar. ¿Qué pasa si el otro se va? Que tu felicidad dependa de alguien externo a vos, puede ser peligroso. Quizás sea mejor ser feliz por uno mismo y estar con alguien que sume a esa felicidad.

Decía que “sufrí” mi soltería hasta los 26 años más o menos, porque fue ahí cuando decidí que quería ser feliz, que no iba a esperar más para ser feliz sino que iba a ser feliz en ese mismo momento, que no iba a esperar a hacer lo que quería solo porque mi estado civil decía soltera. No escuché ningún mensaje motivacional, no leí ningún libro en particular, simplemente DECIDÍ que mi vida iba a dejar de ser miserable. DECIDÍ pensar en mi soltería como una bendición y ya no como un problema.

Querido soltero: La vida no empieza en el matrimonio, la vida empieza cuando tomás la decisión de hacer las cosas que te hacen feliz. A los 26, me di cuenta que no me conocía demasiado. No sabía nada de mí, ni qué cosas me gustaban. Hasta me di cuenta que estudiaba una carrera que no me gustaba, y dejé y empecé otra. Antes de hacer el click, me daba vergüenza incluso salir sola a lugares “de parejas” (By the way, ¿quién dice qué lugares son para ir solo y qué lugares son para ir en pareja?), así que progresivamente empecé a ir sola al cine, a comer, a pasear. Si podía salir con amigos, mejor. Pero si no podían, no iba a cancelar mis planes. Ojo, no fue de un día para el otro. Fue de a poco porque fue también enfrentarme con cosas que me daba vergüenza hacer.

Empecé a entender mi soltería como una oportunidad para aprender a conocerme, para saber cómo amarme mejor a mí misma, para aceptar mis errores y defectos y trabajar en ellos. Para mejorar en mi comunicación con otras personas. Para reconocer que amaba escribir y viajar. Para empezar este blog.

Cuando me preguntan, por ejemplo, que qué hago para viajar tanto, respondo quizá con algunos tips. Pero la realidad es que no tengo ni más dinero que el promedio, ni soy más especial que vos. Simplemente decidí que quería viajar y que no iba a esperar a casarme para hacer lo que quiero hacer. Lo mismo cuando me preguntan cómo empecé con el blog y con mis reflexiones en las redes. No esperé a que alguien me dé el permiso para hacerlo, simplemente empecé. Y eso está a tu alcance hoy mismo.

La soltería no es una etapa de espera. Si entendés que es simplemente una etapa de transición al matrimonio, va a ser lo peor, porque nadie espera contento. Esperar no transforma. Pero si entendés tu soltería como lo que es, un regalo de Dios, entonces vas a sacarle el máximo provecho.

Y creo que no es necesario aclararlo, pero por las dudas: los solteros no somos cristianos de segunda. No hay ningún lugar al que no puedas acceder (ministerialmente hablando) por causa de tu soltería. Si alguien considera que sos menos por ser soltero, entonces el problema lo tiene esa persona, no vos. No permitas que nadie defina tu valor.

Hacerte feliz a vos mismo es una tarea difícil, pero es tu responsabilidad personal. Yo no quiero casarme para que mi esposo me haga feliz. Quiero que mi futuro esposo me encuentre ya siendo feliz, y quiero que él también sepa cómo ser feliz por sí mismo. Cuando me case, quiero hacerlo solamente con una persona que no me necesite para nada, pero que me quiera para todo.

No esperes a estar casado para ser feliz. No está mal que anheles un matrimonio, eso es sano y está bien, pero preguntate por qué lo querés con tanta necesidad: ¿para ser feliz o porque entendés que forma parte del diseño de Dios para tu vida?  La vida  no comienza en el altar, la vida empieza cuando tenés el valor de vivirla. 

Me despido con este fragmento de un libro, que creo que resume bastante la idea del blog de hoy:

“No quiero tenerte

para que llenes las partes vacías de mí

quiero llenarme por mí misma

quiero estar tan completa

que pueda alumbrar una ciudad entera

y entonces

quiero tenerte

porque la mezcla de los dos

podría incendiarla”

Autora: Rupi Kaur

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