Querido ministerio de mujeres: ¡Basta de decirme que soy hermosa!

querido ministerio de mujeres_

 

Me acomodé en mi asiento mientras la oradora lo volvía a repetir:

“Sos una mujer de Dios, hermosa y escogida por Él. ¡No hay nadie en el mundo como vos!”

Oí este mensaje decenas de veces (en radios cristianas, libros, en conferencias, en reuniones de mujeres y células -¡y hasta en tazas y remeras!-). Es siempre el mismo mensaje dirigido a todas las mujeres cristianas de cada rincón de la cultura occidental. Y es un mensaje que, a pesar de que sea bien intencionado, es deficiente.

¿Qué quiero decir con esto? Que en verdad no soy tan especial (ni tampoco lo sos vos). Una mirada honesta hacia nuestra propia humanidad nos va a revelar esta verdad. Cualquier mujer que haga un análisis honesto a su propio reflejo, podrá darse cuenta que sus problemas, inseguridades y pecados no la afectan únicamente a ella. Muchas otras personas pecan de la misma manera que vos y que yo porque eso es parte de vivir en un mundo que todavía está bajo la influencia del pecado. Así, cualquier mujer que conozca las profundidades de su propia insuficiencia, encontrará estos mensajes de belleza y de “sos única” completamente insuficientes para caminar diariamente en victoria. 

No estoy diciendo que esos mensajes sean falsos. Somos hechura de Dios (Efesios 2:10). Somos escogidas de Dios (1 Pedro 2:9). Somos únicas (Mateo 10: 29-31). El planteo no es acerca de si estas cosas son verdaderas o no, porque eso está fuera de discusión. Lo que estoy poniendo en duda es si este es el mensaje más importante que las mujeres necesitamos oír.

Personalmente, no creo que lo sea.

“¡No soy la Mujer Maravilla!”

Si juzgase al cristianismo solo por sus conferencias de mujeres, creería entonces que la Biblia no es más que una serie de halagos de Dios a la humanidad. Por el contrario, la historia real es menos halagadora y bastante más humillante. Jesús no vino a la tierra porque fuésemos hermosos, especiales o maravillosos: vino justamente porque estábamos tan asquerosamente perdidos en pecados que era imposible para nosotros cerrar la brecha entre nosotros y Dios.

Este no es el mensaje que nos gustaría que queremos escuchar desde el púlpito de la conferencia Mujer Maravilla, ¿no? (disclaimer: estoy inventando el nombre. No sé si existe tal conferencia). Pero es el mensaje que necesitamos oír, porque las mujeres que creen que son la mujer maravilla también creen que no necesitan un Salvador.

Las mujeres nos preguntamos si suficientes. Mirando a los títulos de los libros que leemos, deduzco que estamos enredadas de inseguridad, temor, y crisis de identidad. Estamos en un constante estado de “problema” con cada pequeña victoria, nunca viviendo realmente como “más que vencedoras en Cristo” (Romanos 8:37). Esos son problemas espirituales reales, pero ¿sabés qué? Todavía no vi ni a una sola mujer ser librada de su inseguridad al decirle solamente que es hermosa. No funciona, y no es la respuesta.

La verdad es que, separada del poder de la transformación de Cristo, no soy hermosa, ni especial, ni única. Soy pecadora, y sin Él no soy más que eso. Mis inseguridades y miedos me muestran que nada puedo hacer separada de Dios, y tales temores no pueden ser sacados de raíz con un simple mensaje “alentador” que me dice que soy hermosa y especial. Lo que necesito -como así también cualquier mujer y hombre- es una solución profunda al problema del pecado. Mi inseguridad no es el problema. El temor, la falta de auto-estima, los problemas del matrimonio, todos esos son síntomas de la verdadera enfermedad: el pecado. Y todos tenemos esta enfermedad.

Necesitamos libertad, no halagos.

Nuevamente, que me digan que soy hermosa no es un mensaje malo ni falso. Pero es teológicamente deficiente, y si el objetivo del ministerio de mujeres es alentar y equipar a las mujeres cristianas para la obra del ministerio, entonces el mensaje debe cambiar. El Evangelio es buenas noticias solo para aquellos que reconocen su necesidad de Jesús. Cuando creás una cultura que usa a Jesús como una sensación espiritual para sentirte bien con vos mismo, entonces no hay dudas de que las mujeres no podrán acceder a la victoria en temas como la ansiedad, la inseguridad, el temor, y demás afecciones. Así, se van de la Iglesia conociéndolo todo acerca de sí mismas, pero conociendo poquito acerca de Cristo.

Las mujeres no somos cristianos de segunda categoría

Ahora bien, hay algo que es cierto también y que explica por qué los mensajes que recibimos son tan básicos: todavía en gran parte de la Iglesia latinoamericana se sigue creyendo que la mujer es un cristiano de segunda categoría. Quizás no se expresa lo anterior en el discurso, pero se demuestra con los hechos.

De nada vale que se enseñe que las mujeres somos coherederas con Cristo y participantes de la naturaleza divina si todavía se nos sigue negando algunos lugares de liderazgo solamente por algunos versículos sacados de contexto. No me voy a meter demasiado en ese tema porque ya lo desarrollé acá: ¿Pueden las mujeres ser pastoras?

De nada sirve que me digan que “ya no hay varón, ni mujer” (Gálatas 3:28) si las mujeres solamente podemos acceder al liderazgo del ministerio de niños, de música y de administración, pero nunca podemos acceder al liderazgo de pastorado o a lugares de influencia. Y no está mal ser líder de niños, de alabanza o de administración si Dios te llamó ahí, pero ¿qué pasa si tenés un llamado a otro lugar del Cuerpo y te lo niegan solamente por ser mujer?

Hace ya varios años que no asisto a conferencias especialmente destinadas para mujeres porque siempre me enseñan a ser mejor esposa, mejor madre y mejor discípula; pero nunca me enseñan a cómo obrar en milagros y ser más como Jesús. No está mal que me enseñen cómo ser mejor esposa, madre y discípula, pero sí está mal que sea lo único que se enseñe. También me llama mucho la atención no ver conferencias de mujeres centradas en los dones espirituales, en el ministerio quíntuple, y en obrar en milagros. ¿Será porque indirectamente el mensaje es que solo los hombres pueden acceder a tales lugares?

¡Basta de decirme que soy hermosa!

Ya no quiero que me digan que soy hermosa, especial tesoro de Dios y amada por Él. Todo eso es verdad y lo creo, pero no me hace libre.

La solución es simple: dejemos de predicar el mensaje fácil y empecemos a predicar el correcto. Dejemos de exaltarnos a nosotras mismas como mujeres y comencemos a exaltar a Cristo. Y esto es lo maravilloso acerca del ministerio de mujeres centrado en el Evangelio: cuando todas nosotras las mujeres adoramos a Jesús, las inseguridades, los temores y las ansiedades palidecen en comparación a Su gloria eterna.

Cuando nuestros ojos se vuelven hacia Su belleza en lugar de la nuestra, las inseguridades mueren.

Cuando oímos Su voz en lugar de oír acerca de nosotras, el temor no tiene lugar.

Cuando nuestras mentes piensan acerca de quién es Él en lugar de quiénes somos nosotras, encontramos identidad en Su propósito eterno.

Esto es lo loco acerca del Evangelio: la fealdad que teníamos antes de conocer a Jesús, magnifica la belleza del amor de Dios. Solo al comprender quiénes somos separados de Cristo podemos vivir reconociendo diariamente que nuestra belleza está dentro de Él. Se nos enseñó que debemos comprender quiénes somos, y es cierto. Pero encuentro mucho más fácil recordar quién soy al recordar quién es Él.

Así que, por favor, basta de decirnos que somos especiales.

Háblennos de Jesús.

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