Para todas las mujeres que alguna vez fueron llamadas intimidantes

PARA TODAS LAS MUJERES QUE ALGUNA VEZ FUERON LLAMADAS INTIMIDANTES

 

Te dijeron que sos o tenés “demasiado”: demasiada educación, demasiados pensamientos, demasiado conocimiento, demasiada valentía, demasiada confianza, demasiada curiosidad; a la vista de otros, tenés demasiadas cosas “resueltas”.

Demasiado para ser novia de alguien. Demasiado para los hombres. Demasiado para las mujeres.

Demasiado para la Iglesia.

Ser llamada “intimidante” me duele como una puñalada en el dedo chiquito del pie. Siento dolor cada vez que alguien elige categorizarme con ese adjetivo. Me pasa cada tanto, sobre todo con personas nuevas que conozco: “¡Parecías tan intimidante antes de conocerte en persona!” O peor: una vez fui a predicar a una iglesia que no conocía mucho. Hablé del Nuevo Pacto y la diferencia con el Antiguo Pacto. Un éxito total. Pareció entenderse muy bien y la respuesta fue muy buena. Pero una abuelita de la Iglesia se me acercó y me dijo: “Es hermoso que conozcas tanto de la Biblia, pero siendo soltera no está bueno que sepas tanto porque podés intimidar a los hombres cristianos”. Estoy segura que esta mujer lo dijo con buenas intenciones, pero no creo que haya tenido noción de lo mucho que me dolió su comentario siendo yo una persona introvertida. Las palabras duelen. Y mucho.

“¡No está bien tener todo ‘demasiado resuelto’!”

Mujer “intimidante”, sé que cuando tu arduo trabajo en vos misma, en tu corazón y personalidad es resumido en una palabra que literalmente significa “que inspira miedo o excesivo respeto”, algo dentro de vos se rompe. Nosotras, las mujeres “intimidantes” anhelamos que los demás se sientan bien alrededor de nosotros, pero nos enfrentamos también con la realidad de la inseguridad humana… inseguridad que traduce nuestra seguridad en nosotras mismas como una amenaza, no como una bendición. 

No importa cuán genuinamente intentemos ser valientes y amables, fuertes y simpáticas. Siempre podemos ser malinterpretadas. No podemos controlar la forma en la que otros van a responder hacia nosotros. Particularmente en la Iglesia, las mujeres con voluntad fuerte (aquellas que someten sus propias voluntades y deseos a la voluntad de Dios), algunas veces son consideradas perjudiciales para el “orden bíblico”: hacemos demasiadas preguntas. Somos demasiado teológicas. Buscamos estar creciendo todo el tiempo, tenemos opiniones fuertes formadas sobre temas polémicos, y si algo nos interesa, nos involucramos al 100%. “Debés tener más cuidado”, una vez me dijeron. “Sos muy chica para tener opiniones tan formadas sobre ciertas cosas”.

Esto sobre todo me afectó en mis primeros años como cristiana. A pesar de formar parte de una Iglesia que en su discurso decía apoyar a las mujeres en el ministerio, la realidad es que las mujeres líderes de la Iglesia siempre estaban en el ministerio de niños, alabanza o administración. Nunca ninguna mujer compartió la Palabra un domingo, ni siquiera la esposa del pastor. Es por eso mismo que cuando comencé a “salir del cascarón” de timidez y baja autoestima, una parte de mí se llenó de temor.

Las prédicas y conferencias destinadas a mujeres siempre me hablaban de cómo ser mejor madre y esposa, pero no me enseñaban a ser más poderosa ni a parecerme más a Jesús. No estoy en contra de las conferencias de mujeres (voy a desarrollar más de este tema la semana que viene), pero no me sentía parte. Entonces, una parte de mí me decía que era mejor ser tímida y sin autoestima porque ahora era “demasiado” para un hombre cristiano (e incluso “demasiado” para el cristianismo en general). Me sentía dividida, en cuerpo y en espíritu. Sentía que para ser discípula de Jesús tenía que convertirme en una mujer completamente diferente de la que era.

En el fondo, sentía que estaba mal tener algunas cosas “demasiado resueltas” porque la mayoría de las personas preferían a la Sele-Depre que a la Sele-MeAmoYNoMeImporta, y no estoy hablando de ser arrogante. Pienso que este es uno de los tantos micromachismos que todavía tenemos dentro de la Iglesia, porque a los hombres no se los tilda de ser demasiado “intimidantes” cuando tienen conocimiento bíblico, hambre de Dios y seguridad en sí mismos. Solo a las mujeres se nos pone nombres así.

Así, implícitamente se da el mensaje de que las mujeres cristianas “intimidantes” deben cambiar y convertirse en quienes no son. Se les pide que dejen de practicar sus dones espirituales, que dejen de tener tanto conocimiento de la Palabra de Dios, que dejen de mostrarse tan seguras de sí mismas y de su belleza, y, esencialmente, que dejen de hacer lo que Dios les pidió que hagan. Y esto solamente porque las mujeres “intimidantes” hacen que otras personas se sientan incómodas.

La santificación es obra del Espíritu Santo

Como una mujer poderosa de Dios, esto es algo que aprendí en mi caminar con el Señor: es trabajo del Espíritu Santo santificar mi personalidad.

Dios, a través de Su Palabra y de palabras proféticas, me enseña cuándo mi fuerte voz debe mantenerse silenciosa. El Espíritu me dice cuándo mi corazón valiente debe permanecer en quietud y esperar. Esto no significa que no cometa errores, todo lo contrario. Pero con el tiempo aprendí que puedo tener opiniones formadas sobre ciertas cosas pero que no es necesario compartir todo lo que pienso, sobre todo con hermanos más débiles en la fe. La Palabra me recuerda que siempre mis opiniones deben someterse a Su verdad (y esto no siempre me gusta, siendo sincera).

Y tan vital como el Espíritu y la Palabra, lo es una Iglesia local sana (hombres y mujeres que saben quiénes son en el Señor y hablan la palabra de Dios). Estos hombres y mujeres tienen el conocimiento y la sabiduría necesaria para decirnos cuándo nuestras voces están hablando más fuerte de lo que amerita la situación, y nos enseñan cómo discernir. Están para darnos consejos y para ser honestos con nosotros.

A través de estas cosas, Dios santifica nuestras personalidades para que sean apartadas para Él. Y cuando Dios comienza unaa buena obra en nosotros, no importa qué pase: Él la va a perfeccionar.

La gente fuerte asusta a otras personas

El trabajo de Dios sobre nuestras personalidades es la garantía que quienes somos no es “demasiado”, por más que te lo hayan dicho o que lo sientas así. Pero incluso cuando estás en el centro de Su voluntad, la aprobación de los demás no está garantizada. 

Una vez, en mis primeros años de cristiana, escribí algo sobre un pasaje bíblico, una especie de devocional. Le puse de título “Una antorcha y una voz” y contenía una palabra profética que Dios me había mostrado sobre cómo Él nos ve a las mujeres como la Estatua de la Libertad. Todavía no me animaba a compartir nada de lo que escribía públicamente, pero junté coraje y se lo mostré a una líder de la Iglesia a quien respetaba muchísimo. “Me gusta”, me dijo,  “Pero no me gusta el título. No suena como algo para mujeres… suena como algo para hombres.

De todas maneras, a pesar de que tenía muy poco de caminar con el Señor, yo ya sabía que la obra de Dios con las mujeres no estaba limitado a “títulos rosados” ni mucho menos a “prédicas rosadas”. No me malinterpreten: amo las cosas “rosas” y mis amigos me hacen burla porque tengo un dicho para antes de salir de casa: “Siempre diva, nunca indiva”. No saco un pie de mi casa sin sentirme una reina, y para eso yo necesito estar arreglada y maquillada. Quizás vos no y está bien igual. Pero me encanta sentirme linda y arreglarme. Con esto quiero decir que no estoy en contra de las cosas femeninas, por el contrario, me encanta ser femenina. Pero sé que sentirnos lindas no es el único propósito que Dios tiene con nosotras las mujeres. 

A pesar de que muchas veces necesitamos que nos digan palabras “rosas” sobre lo hermosas que somos, también necesitamos ser una antorcha y una voz.

Nuestra fortaleza no es un arma. Es un don para ser compartido con el mundo. Nuestra luz, nuestras voces, y nuestra valentía son demasiado necesarias en la Iglesia moderna. Pero si queremos abrazar el diseño de Dios para nuestras vidas, tenemos que asustar a algunas personas. Vamos a asustar mucho más a algunos hermanos de la Iglesia. Y sí, mujer “intimidante”: también vas a asustar a algunos hombres cristianos.

Esta una realidad un poco triste, porque cualquier mujer con base bíblica quiere estar “en paz con todos los hombres” (Romanos 12:18). Pero aquellos que busquen a Dios y Su voluntad para la Iglesia te verán como un don y no como una amenaza. No te sentirán intimidante, más bien todo lo contrario, ¡y eso incluye a hombres cristianos! Ellos, tal como el Señor lo hace, verán tu personalidad como el don que en verdad es (un don  que, cuando es movido por el Espíritu Santo y está cimentado en Su Palabra, hace grandes cosas a favor de la Gran Comisión). Siendo la mujer fuerte que sos, vas a atraer hombres y mujeres fuertes que estén tan enfocados en el Reino como vos. Así que, ¡buenas noticias para nosotras las solteras!

Debemos estar atentas a oír la guía del Espíritu cuando nos pide, en algunas temporadas y situaciones, que estemos en quietud y silencio. Pero debemos estar igual de dispuestas para PONERNOS DE PIE y HABLAR… incluso cuando a los que nos rodean no les guste. 

Ánimo, Mujer “Intimidante”

Vos, mujer “intimidante”, estás llamada a ser fuerte. Pero tengo dos consejos para vos.

Primero, asegurate que tu enfoque y tu impulso estén cimentados en lo que Dios te pidió que hagas *en esta temporada*, no en lo que PIENSES que deberías estar haciendo para mantener cierta imagen o para impresionar a los demás. El mundo celebra, anhela y festeja el éxito. Pero para nosotras, el único éxito que nos interesa es la aprobación de Dios. En lo personal, estoy pasando por una restauración y este año no voy a hacer nada más que escribir blogs cada tanto, pero nada más a nivel ministerial. Este año Dios me pide que me centre en mí y en mi restauración, y de esa forma estoy honrándolo a Él. Me congrego, leo la Biblia, oro, y hago todo lo que se supone que debe hacer un cristiano, pero mi voz en esta temporada debe permanecer silenciosa. ¿Qué te está pidiendo Dios a vos que hagas en esta temporada? ¿Lo estás haciendo? ¿Qué necesitás para empezar, si es que todavía no comenzaste?

Segundo, dado que solemos estar muy enfocadas en ser productivas, hay un riesgo de que podamos menospreciar o “ningunear” a aquellos que no son tan organizados ni tan “duros” respecto a alcanzar sus propias metas como lo somos nosotras. Recordá esto: todos fuimos diseñados por Dios de manera única para vivir la vida que se nos presenta delante. Nuestras personalidades, cuando son transformadas por el Espíritu Santo, nos equipan para esas demandas. Así que ¡celebrá tu enfoque! pero también celebrá junto con los hermanos cuyas metas parecieran ser mucho más simples o pequeñas, porque nuestro mundo necesita que ellos alcancen sus metas tanto como necesita que vos alcances las tuyas.

Pero, por hoy, llevate esto: esa cosa sobre vos misma que más te confunde, la que encontrás más confusa, la que te parezca más inadecuada para la obra del Reino (de acuerdo a las opiniones de los demás), es muy a menudo lo que Jesús va a usar con vos.

2 Timoteo 2:15 es un consuelo para nosotras: “Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad.”

Pablo instruye a Timoteo a presentarse a sí mismo ante Dios. A ser aprobado ante Dios.

Las opiniones de los demás no forman parte de la ecuación. 

Quizás te digan “intimidante” más de una vez en la vida. Vas a ser incomprendida y mal etiquetada. La gente va a confundir tu confianza en vos misma con arrogancia, tu valentía por rebeldía y tu apariencia por “creerte mejor que”. Tu trabajo no es aclarar malentendidos ni defenderte. Tu trabajo es presentarte ante DIOS como obrera aprobada que no tiene de qué avergonzarse.

Así que permanecé en la Palabra. Permanecé en el Espíritu. Permanecé en obediencia en donde sea que Dios te pida que estés. Permanecé haciendo lo que Dios te pidió que hagas en esta temporada.

Y entonces, sé quién vos sos, en donde estás, para las personas que Él te da.

 

A vos, ¿alguna vez te llamaron “intimidante”? ¡Contame en los comentarios!

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