Te critico, ¡porque te amo!

manual para la crítica

 

“Cada vez que juzgás o criticás a alguien,

solamente estás exponiendo una parte sin sanar de tu propio corazón:

ves según lo que sos”

El Espíritu Santo a mi corazón, después de yo haber criticado a alguien.

¿Cómo se hace? A veces me pierdo y no le encuentro la vuelta. De la única manera que puedo comprenderlo, es haciéndome chiquita y confiando en el poder de Dios actuando en mí y no en mi propia capacidad. Necesito aprender a volverme dependiente del Espíritu Santo.

Uno de los síntomas más evidentes de que nos hemos vuelto independientes del Espíritu (hay más, pero quiero centrarme en este hoy) es la crítica y el juicio. Comencé este blog con una frase que el Espíritu Santo habló a mi corazón luego de haber juzgado a una hermana en la fe. Y acá también hay que encontrar el balance. Dice la Biblia:

“El que atiende a la crítica edificante habitará entre los sabios. El que rechaza la corrección se desprecia a sí mismo; el que la atiende gana entendimiento”

(Proverbios 15:31-32)

No está mal que te moleste algo que alguien hace. Ser dependiente del Espíritu no tiene que ver con ser un pacifista tolerante que no se enoja nunca. Jesús no fue así. Pero siempre debemos preguntarnos desde qué lugar están saliendo nuestros pensamientos. Por ejemplo: supongamos que un amigo tuyo se está drogando o pecando continuamente. Al ver la forma en que eso lo destruye, podés llegar a ponerte triste o a enojarte porque sabés que es una persona valiosa y creés que se merece una vida mejor. Podés llegar a tener un juicio contra él o ella e incluso podés llegar a confrontarlo al respecto. Y eso no es algo malo sino todo lo contrario. Dios nos dio un alma y sentimientos para que los disfrutemos y los usemos para bien. No está mal sentir bronca, molestia, tristeza, etc. Son emociones que no nos gustan tanto, es cierto, pero están y son indicadores de que somos humanos hechos a la semejanza de Dios y no robots.

Llevalo a un ejemplo menos extremo que el que mencioné anteriormente. Suponete que te molesta que alguien llegue tarde, la forma en la que alguien te habló, las actitudes o miradas de alguien, etc. Preguntate esto: ¿Desde qué lugar está saliendo este sentimiento? Repito: no está mal ni es pecado sentir molestia ante las actitudes del otro. Los sentimientos no son pecado. Lo que puede llegar a ser pecado es el lugar desde donde pueden estar saliendo esos pensamientos. Si todavía no se comprendió, tranquilos que voy a seguir ampliando en los siguientes párrafos.

Crítica constructiva vs. Crítica destructiva

Como ya vimos, la Biblia habla de críticas edificantes; y si menciona críticas edificantes, es porque existen críticas que son destructivas. Qué miedo, ¿no? Ahora la pregunta del millón: ¿cómo sé si la crítica que tengo sobre una persona, situación o incluso sobre mí mismo es una crítica edificante o una crítica destructiva? La clave está en distinguir desde qué identidad estoy elaborando esa crítica. Algunos tips para distinguir una crítica edificante de una destructiva son los siguientes:

  • Una crítica destructiva es aquella que sale sin ver la identidad del otro, ni la mía, ni lo que piensa Dios al respecto de la situación. Por eso, preguntate: “En este pensamiento que estoy teniendo, ¿estoy viendo a esta persona/a mí mismo/a la situación como Dios la ve? ¿Jesús le diría esto a esta persona o se diría esto a sí mismo?”

 

  • La crítica destructiva no tiene un propósito, o el único propósito que tiene es hacer sentir mal al otro. Si el único propósito por el que le querés decir lo que tenés atravesado a la otra persona es para sentir la satisfacción de decir: “¡¡¡SE LO DIJE!!!”, entonces tu crítica no fue edificante. Por eso, preguntate: “¿Para qué le voy a decir lo que quiero decirle a esta persona? o ¿Para qué me estoy diciendo esto a mí mismo? Si no encontrás otro objetivo más que “sacarte todo de adentro” pero al otro no le va a hacer bien porque te das cuenta que es algo tuyo, entonces mejor descargate con un líder o pastor y evitá decirle eso a la otra persona.

 

  • Cuando identificás que tu crítica es destructiva, preguntate: “¿Qué cosas de mi propia identidad no tengo claras todavía o necesito pedirle al Espíritu Santo que me siga enseñando?” No te preocupes que todos tenemos estos pensamientos todos los días porque todos estamos aprendiendo cómo caminar como hijos de Dios. Incluso a tus líderes y pastores, si son sinceros, te van a decir que les sigue pasando. De hecho, arranqué este blog con una frase que el Espíritu Santo me dijo a mí después de criticar destructivamente a alguien. Una vez alguien me dijo esto: “No te olvides que cuando señalás a alguien, hay otros tres dedos que te apuntan a vos” Fijate qué cosas de vos mismo te está mostrando tu crítica y si descubrís cosas que no te gustan tanto de vos, ¡bienvenido al club! Estamos todos aprendiendo.

 

  • La crítica destructiva promueve el chisme. La crítica constructiva se dice en privado. Como la crítica destructiva no tiene un propósito más que sentir la satisfacción de haberle dicho lo que sentís al otro, la persona que critica va a buscar “desparramar” la crítica por todos lados. Como dice el dicho, “el chisme muere cuando llega a oídos de la persona inteligente”. Quien quiere criticarte constructivamente, va a decirte en privado lo que piensa porque su propósito es hacerte un bien a vos y porque ve lo mejor de vos.

 

  • No nos olvidemos de esto: toda crítica es una interpretación. El hecho de que tengas una crítica (ya sea constructiva o destructiva) no significa que tengas la verdad absoluta sobre las cosas. Tu crítica (constructiva o destructiva) es solo una interpretación de las cosas y puede también que estés equivocado. Una persona dependiente del Espíritu Santo es también aquella que está dispuesta a cambiar de forma de pensar y a ser flexible.

 

El “Sandwich” de la comunicación: la importancia de las formas

Ahora hay otra cosa que se debe mencionar: los cristianos somos muy rudimentarios en lo que respecta a la comunicación, las formas y la inteligencia emocional. Estamos aprendiendo un montón, sí. Pero debemos admitir que a la mayoría nos falta mucho por aprender.

Por eso mismo, a veces podemos tener una crítica constructiva para alguien pero transformarla en destructiva solamente por la forma en la que la decimos. Estamos en una época donde todo es ofensivo, es cierto. Pero decir “se ofendió porque es un inmaduro” es no aceptar nuestra parte en el juego de la comunicación. Es cierto que uno puede decir algo con las mejores intenciones y la otra parte siempre lo puede malinterpretar, pero siempre es preferible achicar esas probabilidades al mínimo. Si ya sabemos de antemano que la persona es conflictiva o que la situación es delicada, la Biblia nos enseña a que haya algún mediador o testigo.

Danny Silk enseña una técnica en su libro Keep Your Love On algo que voy a parafrasear a continuación, que él llama “El Sandwich de la Comunicación”. Básicamente consiste en decir “te amo” exactamente el doble de veces que criticamos. El pan serían palabras buenas, positivas, de amor, que afirmen la identidad en Cristo de la persona. El fiambre o la carne (o la milanesa. O de lo que sea que quieras que sea tu sandwich, jaja) es la crítica constructiva.

En un ejemplo sonaría algo así: “Tengo que decirte algo. Pero primero quiero que sepas que te amo, que sos muy importante para mí y que sé tu potencial en el Señor. Esto que estás haciendo me está volviendo loca y necesito que dejes de hacerlo. Pero te recuerdo que te amo incondicionalmente y si te pido esto es porque sé que podés hacerlo”.

De esta forma estás diciendo tu crítica constructiva de una forma en la que la otra persona sigue sintiéndose empoderada y amada. Básicamente estás diciendo: “Te critico, ¡porque te amo!” ¡Qué distinto sería todo si pudiésemos comunicarnos así! Esa es la forma en la que Dios nos corrige, afirmándonos nuestra identidad.

 

¿Y si estoy de otro lado? ¡Me criticaron a mí!

Hasta ahora el blog viene centrado en cómo distinguir una crítica constructiva de una destructiva, y de cómo comunicarla de una forma efectiva. Pero, ¿cómo recibimos una crítica?

Antes que nada, al recibir una crítica de alguien hay que distinguir si se trata de una destructiva o de una constructiva. Para eso, te recomiendo que no examines tanto la forma en la que la persona te lo dice (recordemos que no todos sabemos cómo comunicarnos bien) sino que examines lo que te dice a la luz de los puntos enumerados en el punto crítica constructiva vs. crítica destructiva.

Si se trata de una crítica destructiva, el desafío para vos va a ser seguir amando a una persona que te critica con el solo fin de hablar mal de vos. Pensá que esa persona todavía no entiende que al lastimarte a vos, se está lastimando a sí misma porque hay otros tres dedos que la señalan cuando te señala a vos. Algo que me sirvió a mí para lidiar con la crítica es pensar lo siguiente: “¿Qué le está pasando a esta persona?” Es normal que te sientas bajoneado si alguien te critica (o te bardea, como decimos en Argentina), sobre todo si te enterás por otras personas. A veces se necesita de un mediador entre ambas partes. No te voy a aconsejar que te defiendas de la crítica porque eso lo sabés vos. En mi caso, el año pasado y este año me tocó lidiar con mucha crítica. Al principio me dolía tanto que me alejaba de las redes sociales por semanas o buscaba defenderme. Ahora no digo nada y dejo que mis frutos y los de la persona que critica hablen por sí mismos. No tengo nada que demostrarle a nadie y vos tampoco. Tu identidad viene de Dios, no de la opinión de alguien más.

Si la crítica es constructiva, entonces agradecele a Dios por tener a gente que te ame tanto como para confrontarte. La Biblia nos dice que la crítica constructiva nos hace habitar entre los sabios. El que te critica constructivamente, lo va a hacer en persona y solo con vos. No va a estar contándole lo que “Dios le mostró” de vos con todo el mundo. Obvio que a nadie le gusta que le señalen los defectos, pero es para eso también que están los amigos y la familia. La crítica constructiva es la forma manifiesta de la mirada de Dios, esa mirada que nos mira con amor pero también nos confronta con lo que no nos gusta, porque sabe que podemos y valemos más de lo que creemos.

 

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