Límites sanos

Li

“Aceptamos el amor que creemos merecer”, reza la famosa frase de la película The Perks of Being a Wallflower y un poco de razón tiene.

La ecuación es sencilla: cuando sentís que no valés nada, vas a permitir que te maltraten.

En lo personal, luché mucho tiempo por ganarme la aprobación de los demás: quería ser la mejor hija, la mejor amiga, la mejor estudiante, la mejor cristiana, la mejor en todo… Este afán de buscar la aprobación en los demás era, en realidad, una búsqueda inconsciente por tratar de hacer que los demás viesen en mí lo que yo misma no podía. Es decir, pensaba que si hacía cosas para que los demás me quisieran, tal vez verían valor en mí.

Así, muchas relaciones terminaron volviéndose tóxicas porque en el afán de agradarle a las personas terminé corriendo límites personales y aceptando (mal)tratos que no resonaban conmigo misma.

Por fuera, era perfecta. Pero por dentro era como si me estirase demasiado para agradarle a todos, excepto a la persona más importante: yo misma y mi relación con Dios.

No existe la receta mágica para decirte cómo aprender a amarte porque es un proceso. Pero sí sé cuál es uno de los caminos que te llevarán a descubrir tu valor: límites sanos.

Decirle no a personas y a cosas que no resuenan con vos, es amor. No es egoísmo solamente aceptar lo que merecés. Sí, va a haber gente que se va a enojar y te va a decir que cambiaste ¡y van a tener razón! Dejar de participar en amistades que te envidian o que te critican todo, va a doler al comienzo pero si te disponés a aceptar lo que realmente valés, las personas correctas van a aparecer en tu camino. Terminar una relación con alguien que no te valoró, es una oportunidad para crecer más fuerte, más sabio y más feliz. 

Es difícil hablar de límites cuando somos cristianos, y sobre todo si somos líderes porque se supone que siempre debemos estar para la gente y estar felices todo el tiempo y siempre disponibles. Pero si queremos ser personas sanas, debemos comprender que no existe tal cosa. Cuando no hay límites entre las personas y nosotros, uno de las partes va a terminar lastimándose. Si Jesús tenía límites entre Él y la gente e incluso entre Él y sus discípulos, ¿por qué nos costará tanto poner un límite entre nosotros y la gente? ¿Será que seguimos buscando la aprobación de los demás?

Discrepo muchísimo de esa versión del Evangelio que nos hace creer que no valemos nada. Esa teología de “Jesús es el importante. Yo soy una basura” causa más problemas que beneficios: Sí, Jesús es el importante. Y yo también. ¿Por qué lo sé? Porque Dios el Padre no iba a hacer que Su Hijo, lo más preciado que tenía, muriera por un montón de basura. A través de Jesús, soy tan valiosa como Él es.

Cuando venimos con una baja autoestima, es más fácil y menos trabajoso aceptar la falsa teología que nos dice que no valemos nada, a aceptar que somos importantes y valiosos. Comenzar a caminar en esta nueva identidad es un trabajo y un proceso. Debemos reeducarnos y comenzar a vivir en la vida conforme a lo que verdaderamente valemos, y eso siempre nos llevará a confrontarnos con nosotros mismos primeramente. Y cuando finalmente lo comprendemos, necesariamente vendrá una confrontación con nuestro entorno.

Diferentes situaciones que vinieron acompañadas por mucho dolor y proceso me hicieron comprender que si yo no descubro mi propio valor, nadie más lo hará por mí. La vida te va a ir poniendo situaciones y personas que serán la herramienta de Dios para tallar Su amor en vos. Y sí, los golpes a veces pueden doler, pero sin ellos no podremos jamás ser moldeados en nuestra verdadera identidad.

Muchas personas sueñan con el día en que llegue su príncipe azul o su princesa rosa, las cosas mágicamente cambiarán y dejarán de sentirse solos o deprimidos. Lamento decepcionarlos, pero no hay nada más alejado de la realidad: una pareja no te va a hacer descubrir tu valor si primeramente no lo ves en vos. Comenzar una relación con alguien esperando que supla tu falta de amor propio, es como que alguien vaya al gimnasio por nosotros y esperar nosotros ganar musculatura: simplemente no funciona así.

Cuando comprendés lo valioso que sos, todo cambia. Pero ese descubrimiento viene a través del trabajo duro y del auto-descubrimiento. No es arte de magia. Te va a requerir pasar tiempo con vos mismo conociéndote y amigándote con vos.

Tu relación con vos mismo va a determinar la calidad de todas tus relaciones. Cuando estás lleno de amor propio (no porque seas perfecto, sino porque te amigaste con vos y tu cuerpo y tus problemas), entonces aprendés a mirar las cosas desde otra perspectiva y ya no te va a resultar tan difícil decir que no.

No importa que la Biblia nos enseñe de identidad si no la hacemos propia. No importa si los demás nos dicen que somos los mejores, si a la noche lloramos por sentirnos que no somos suficientes. No importa tener todo el dinero del mundo si te sentís horrible. No importa tener todo lo que soñaste si no sos feliz.

No permitas que nadie te hada dudar de lo valioso que sos. Tampoco aceptes amistades o relaciones que te hagan sentir que sos difícil de querer: sos muy valioso.

Tu valor ya está adentro de vos. Cuando te mirás al espejo todas las mañanas, ahí está el amor de Dios mirándote. Sos la prueba viviente de que Dios se hizo carne. Cada respirar es un milagro, cada latido de tu corazón es un recordatorio de que estás vivo. ¿Estás dispuesto descubrir tu verdadero valor?

 

 

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