¿Qué dice la Biblia del divorcio?

¿qué dice la biblia del divorcio_

Dos personas me escribieron por privado hace algunas semanas, casi en simultáneo, pidiéndome que hable sobre este tema tan controvertido en la Iglesia: el divorcio“Por un lado están los solteros, por otro, los casados… y los divorciados quedamos en el medio. No encajamos en ninguno de los dos bandos. Hay actividades específicas para solteros y para casados, pero nada para los divorciados. Somos aquello que todos notan en la Iglesia, pero de lo que nadie quiere hablar. ¡Y cada vez somos más! Por favor, hablá del tema del divorcio…”, me decía –medio en broma, medio en serio– una persona en un mensaje privado por Facebook. Ahí me di cuenta que tenía razón.

“¡Dios odia el divorcio!”, suele ser la frase de cabecera favorita que muchos líderes cristianos predican desde el púlpito. Pero, ¿realmente lo hace? El divorcio no es plan original con el que una pareja enamorada se casa, claro está, pero… ¿y si no resultó? ¿Y si se trataban con violencia?… ¿Vamos a seguir diciéndole a una persona que está atrapada en un matrimonio violento que “Dios odia el divorcio” y que por eso tiene que seguir soportando el maltrato? Como llamados a representar el corazón de Dios en la tierra, este consejo debería –como mínimo– hacernos ruido.

SEAMOS SINCEROS: LO QUE ME PLANTEÓ ESTA MUJER NO TIENE UN ÁPICE DE EXAGERACIÓN. SE EXCLUYE AL DIVORCIADO DENTRO DE LA IGLESIA.

En nuestro discurso, los cristianos no católicos solemos decir: “No somos como los católicos, que ven al divorcio como  un pecado permanente. El divorcio es un error más y hay gracia.” (Voy a ampliar de este tema en un momento). Pero en la práctica, y si somos realmente transparentes, la realidad difiere mucho de lo que predicamos: los solteros se juntan con otros solteros, los casados con otros casados (¡hasta incluso en los grupos de fútbol de la Iglesia!)… y los divorciados quedan en el medio: para el grupo de los solteros, les sobra; y para el grupo de casados, les falta.

Muchas veces esta “exclusión” se debe a conceptos erróneos que tenemos del divorcio, que arrastramos de una mala interpretación de la Biblia. Hay algo que es clave para entender cualquier tema bíblico que vayamos a estudiar: el contexto histórico. Ningún versículo puede tener un significado diferente que el que tuvo para su audiencia original. Entonces, ¿qué dice la Biblia realmente acerca del divorcio? Analicemos los versículos clave sobre este tema:

·      “Yo aborrezco el divorcio…” (Malaquías 2:16. NVI)

Con este versículo ocurre lo mismo que con otros tantos: le insertamos una interpretación que no fue la original. Aquí, y en contexto, Dios está hablando de la costumbre pagana del divorcio –y no del concepto moderno del divorcio–. Dicho de otra manera, habla de la costumbre que tenían algunos judíos de abandonar a sus esposas sin ir ante una corte religiosa y sin darles una compensación, para casarse con mujeres paganas. Éstos, como no tenían el mismo Dios que los judíos, no necesitaban un acta de divorcio como el que se expresa en Deuteronomio 24:1-2. Este proceso de acta de divorcio permitía a las personas volver a casarse si lo deseaban, pero era otorgado luego de pasar delante de una corte religiosa. De esa práctica (de separarse sin acta de divorcio) habla este versículo. Las palabras traducidas como divorcio en la Biblia son 2: apoluo (alejar, poner aparte, separar, repudiar) y apostasion (divorcio). La palabra utilizada en este pasaje es apoluo. De hecho, algunas versiones bíblicas (como RVR1960) lo traducen como “Dios odia el repudio

“También fue dicho: Cualquiera que repudie a su mujer, dele carta de divorcio. Pero yo os digo que el que repudia a su mujer, a no ser por causa de fornicación, hace que ella adultere; y el que se casa con la repudiada, comete adulterio.”

(Mateo 5:31-32. RVR1960).

La versión de este pasaje de RVR1960 es la más fiel de las versiones en español, porque tiene en cuenta esta diferenciación entre las dos palabras (mal) traducidas en algunas versiones -como NVI- como “divorcio”: una cosa es el repudio (apoluo) y otra es el divorcio (apostasion). Entendiendo esto –y la costumbre de separarse “ilegalmente” – básicamente este versículo está diciendo: “Cualquiera que quiera dejar a su mujer, debe hacerlo según la Ley. Pero cualquiera que deje a su mujer sin hacerlo legalmente (es decir, sin tener acta de divorcio), hace que ésta cometa adulterio si vuelve a casarse, porque legalmente sigue casada. Si alguien se casa con una mujer separada ilegalmente de su esposo, comete adulterio (porque todavía está legalmente casada).”

Esta clarificación que hace Jesús era justamente para ayudar a las mujeres que quedaban en situación de repudiadas.Tengamos en cuenta la sociedad de aquel entonces: el hombre que se iba con otra mujer sin divorciarse legalmente, no debía sufrir la afrenta que atravesaba su mujer. Una mujer repudiada no podía volver a casarse (y eso le implicaba sufrir afrenta por la sociedad), y muchas veces quedar en la calle. Por eso, les pide a su audiencia que el que quisiese separarse, lo hiciera según la Ley.

Este pasaje no está diciendo que casarse con una mujer divorciada sea cometer adulterio, como algunos enseñan. Se está refiriendo a un problema cultural que atravesaron los judíos del siglo 1 D.C. Habla de casarse con una mujer abandonada por su marido, pero no divorciada legalmente. Equivaldría, en términos modernos, a querer casarse con una mujer separada de hecho, pero no divorciada legalmente de su exesposo.

“Lo que Dios unió, no lo separe el hombre.”

(Mateo 19:6)

Está relacionado con lo anterior. En el plan original de Dios, el hombre se une a la mujer y son una sola carne. Divorciarse no es lo ideal, pero también, contemplando el corazón del hombre, Moisés dio el acta de divorcio y Dios permitió está opción.

Resumiendo, la Biblia no habla del concepto moderno de divorcio. Habla de dos situaciones diferentes: repudiar a una mujer (es decir, abandonarla sin divorciarse legalmente) y separarse (divorciarse legalmente con un acta de divorcio). Dios tenía un problema con el repudio, pero no habló en contra del divorcio. No se puede, en consecuencia, armar una doctrina moderna basándose en estos versículos.

Pero ahora quiero tocar algunas creencias populares respecto a este tema:

  • “El divorciado está en una situación de pecado permanente.”

Esta es una creencia católica, pero como este blog es leído no solo por la rama protestante del cristianismo, no está de más aclararlo. Como ya vimos, el divorcio no es un pecado en sí, aunque los causales pueden serlo. Quien se divorcia, no está en pecado por el solo hecho de haberse separado (puede que lo esté por rencor, falta de perdón, o por las consecuencias que le provocaron los causales del divorcio), pero no por el hecho del divorcio en sí, ¿me explico? Los católicos incluso prohíben comulgar a quienes están divorciados, bajo el falso precepto de “Dios odia el divorcio”, que ya estudiamos en contexto.

No tengo hijos, pero tengo sobrinos a quienes amo con todo mi corazón. Si uno de ellos alguna vez se equivoca, para mí no va a vivir en una situación constante de error. Lo mismo es para Dios. Él es es bueno. Si te casaste ilusionado y enamorado, pero te divorciaste, para Él no estás mancillado eternamente como algunos cristianos quizás te hicieron creer.

LOS CRISTIANOS DE LA RAMA PROTESTANTE SOLEMOS JACTARNOS AL DECIR QUE NO CREEMOS EN ESTO, PERO SI UN LÍDER DE LA IGLESIA SE DIVORCIA… LO PRIMERO QUE HACEMOS ES ALEJARLO DEL LIDERAZGO. EN EL DISCURSO DECIMOS QUE NO HAY QUE MIRAR MAL AL DIVORCIADO. PERO EN LO EMPÍRICO, EN LO QUE VERDADERAMENTE IMPORTA… TENEMOS NUESTRA PROPIA VERSIÓN DE ESTA CREENCIA CATÓLICA.

Cada pastor conoce a sus ovejas y los métodos que funcionan con cada una. En lo personal, y como pastora, no encuentro que alejar a una persona del ministerio tenga provecho alguno.

 

  • “Dios siempre va a querer que la pareja se mantenga unida.”

Ante todas las cosas, Dios es un buen Padre. Si sos padre, preguntate: “¿Me gustaría que mi hija esté en una relación en donde su esposo le pega o la manipula psicológicamente?”, “¿Le diría a mi hijo que siga al lado de una mujer que lo engañó muchas veces?”… La respuesta es fácil. Cada caso es un mundo, pero muchas veces Dios va a dar luz verde para el divorcio. Él es un buen Padre y no quiere que Sus hijos sufran.

Dios ama a la familia y sí, a veces son crisis que las parejas atraviesan y superan; pero otras veces, no. A veces, uno solo es el que la rema y como decía Julio Cortázar, un puente no se sostiene de un solo lado. No juzguemos al hermano que elige divorciarse porque hablar es fácil si no caminamos en sus zapatos. Usemos el sentido común: si alguno de tus hijos o un ser querido sufre en un matrimonio manipulador o violento, ¿te gustaría que se aleje de esa relación? Lo mismo que vos siente Dios. Él es bueno todo el tiempo, y más bueno de lo que te imaginás.

Resumiendo, ¿Dios odia el divorcio? No podemos afirmarlo de la Biblia. Si te separaste y te volviste a casar o tenés ganas de hacerlo, espero que estos pasajes te hayan traído refrigerio a tu alma. Puede que lleve un tiempo hacer que algunos líderes se refieran al divorcio de manera diferente, porque las tradiciones son difíciles de cambiar, pero por algún lado hay que empezar.

Separar, discriminar, hacer diferencia entre un líder divorciado y uno casado es muy parecido a la palabra que estudiamos más arriba (apoluo), contra la cual Dios sí habló en contra y dijo que aborrecía. 

Mi conclusión es la siguiente: de la Biblia, no podemos decir que Dios odie al divorcio. No es lo ideal, pero pasa. Un divorciado no está en situación de pecado permanente porque Jesús ya pagó por cada error. No se puede armar una doctrina discriminatoria alrededor de un par de versículos sacados de contexto, solo para expresar que NOSOTROS no nos gusta que la gente de la Iglesia se separe. No funciona así. Los divorcios siempre son dolorosos, pero más doloroso al corazón de Dios es pedirle a una persona que siga al lado de un individuo que le falte el respeto solo “para salvar la familia”. Si Dios es un buen Padre, entonces hagamos un buen trabajo representando Su corazón.

LOS DIVORCIADOS NO SON CRISTIANOS DE SEGUNDA.

 

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