Ayuné durante 21 días y te lo cuento (Parte 1)

Originalmente subido el 14/3/2016

ayun

La semana pasada terminé el ayuno más largo de mi vida. Durante ese tiempo, muchas personas me preguntaron varias cosas respecto al ayuno: cómo lo hice, cómo me sentía, si tenía hambre, y por qué se debe ayunar… Por eso, decidí crear esta serie de reflexiones a las que llegué luego de pasar 21 días ayunando, que voy a dividir en varias partes.

Aclaro que NO ESTOY HABLANDO DE UN AYUNO PARA BAJAR DE PESO. De hecho, los kilos que bajé los recuperé fácilmente. El ayuno que hice fue para acercarme más a Dios.

¿QUÉ ES (Y QUÉ NO ES) EL AYUNO?

#1: El ayuno no es buscar torcer la mano de Dios.

Siempre me interesó el tema del ayuno, pero hacía bastante que no ayunaba más de un día. Los últimos dos años, y sobre todo el año pasado, el Señor estuvo enseñándome muchísimo sobre Su corazón y sobre mi identidad como Su hija. Por ese mismo motivo, había cosas respecto a las cuáles no sabía exactamente qué creer. ¿Qué quiero decir con esto? Que comencé a ser consciente de que muchas de las prácticas y creencias de la Iglesia no se corresponden con la imagen de un Dios Padre.

¿Por qué digo esto? Porque a veces se cree que ayunar es cambiar la voluntad del Señor, y no es así. Dios no es un control-freak ni un padre abusivo que está esperando que sus hijos hagan cosas, para recién ahí dárselas. Él es el mejor padre del mundo. Por eso, un hijo de Dios no ayuna para buscar torcer la mano de Dios, sino para que Dios cambie su perspectiva respecto a su situación. Él no está esperando que hagamos algo para que “seamos dignos” de Su amor. De hecho, si fuese así nadie podría ser digno de ser amado por Dios.

Personalmente, luché durante bastante tiempo con una imagen negativa de mí misma. Sentía que tenía que hacer algo para ganarme el amor o el favor de Dios, y por eso ayunaba largamente. Cuando Él comenzó a mostrarme mi valor como Su hija, simplemente dejé de practicar el ayuno porque pude ver que salía de un corazón de huérfana. No es que el ayuno era malo: mi corazón lo hacía con las motivaciones incorrectas.

#2 El ayuno es un tiempo especial con el Señor.

Ayunar es apartarse durante un día o más, en donde uno dice: “Me voy a abstener hasta de la comida para estar con el Señor”

En ese tiempo, uno se dedica a la oración y la lectura de la Palabra.

El ayuno es como una especie de “retiro espiritual” personal, en donde Dios nos renueva. Es humillarse delante de Dios para que Él pueda hacer lo que quiera con nosotros.

Yo recomiendo que cada vez que te sientas demasiado negativo, deprimido, o hastiado de la rutina, hagas un ayuno de al menos un día y se lo dediques por completo al Señor.

#3 El ayuno brinda un cambio de perspectiva.

En el primer punto decía que ayunar no es buscar cambiar la voluntad de Dios. Alguien que ayune desde una postura sana, sabe que se ayuna para que Dios cambie su perspectiva y le dé estrategias nuevas para las situaciones que tiene que enfrentar.

El ayuno te va a ayudar a cambiar la manera en la que ves las cosas. Quizás termines tu ayuno y la situación que querías cambiar siga igual, pero el que va a estar diferente sos vos. Dios va a cambiar tu mirada ante una situación adversa o situación difícil.

#4 El ayuno no es sufrir.

Antes de comenzar mi ayuno de 21 días, lo máximo que había ayunado eran tres o cuatro días, en los cuales me los pasaba muerta de hambre, con dolor de cabeza y siempre irritable.

No sé si esta vez cambiar mis motivaciones hizo que viese al ayuno de otra manera, pero fue la experiencia con el Señor más dulce de mi vida, y así deberían ser todos los ayunos para cualquier cristiano. Terminé mi ayuno con algo de nostalgia, porque fue una experiencia tan linda que no quería que culminase. De hecho, ya comencé a planificar cuándo va a ser mi próximo ayuno en el año.

Tuve hambre solamente los primeros tres días, y la última semana. Hubo días en donde tuve la presión un poco baja. Además, por lo general tenía una energía desbordante para hacer cosas, contrariamente a lo que creía que me iba a pasar. Pero también hubo días, sobre todo a mitad de la segunda semana, en los que creí que no iba a llegar a cumplir los 21 días.

La última semana fue la peor. Me daba culpa comer, aunque fuese algo liviano, pero si no lo hacía no podía siquiera pararme sin marearme. Aguanté un día sintiéndome miserable, pero al siguiente día, en el que obviamente me sentía peor, el Espíritu Santo me preguntó: “¿Para qué estas ayunando?” Y ahí entendí que tenía que conocer los límites de mi cuerpo. Por eso, hubo días en donde hice una de las dos comidas (creo que literalmente fueron dos cenas por semana, durante las últimas dos semanas).

Si querés comenzar un ayuno largo, entonces escucha no solo a la voz de Dios sino también a la de tu propio cuerpo, y cuando te sientas muy mal, al punto de no poder desarrollar tus actividades con energía, no tengas miedo de comer algo.

Ayunar no debería ser una experiencia dolorosa o un martirio. Al contrario, debería ser la experiencia más dulce de tu vida, porque le estás dedicando todo tu tiempo al Señor.

Comer cuando te sientas mal no significa que hayas fracasado, sino que estás siendo sabio para saber tus límites. Dios no está esperando tu esfuerzo humano, sino tu fe de niño.

#5 Sin Palabra y oración, ayunar es solamente pasar hambre.

El motivo principal del ayuno es apartarse un tiempo para dedicarse única y exclusivamente al Señor. Por eso, durante el ayuno se ora más y se lee más la Palabra. Al estar más tiempo con el Señor y con la Biblia, se está más sensible para oír la voz del Espíritu Santo.

Si orás la misma cantidad de tiempo que cuando no ayunás (o si directamente no orás), entonces tu ayuno es solamente pasar hambre.

El ayuno no es una fórmula mágica para que Dios nos hable. Es justamente el tiempo que le dedicamos a Él que hace que podamos escuchar más claramente Su voz.

 #6 El ayuno es personal.

Lo que quiero decir con esto, es que vos conocés tus límites y tus debilidades. Quizás decidas comer solo verduras, quizás prefieras tomar líquidos con infusiones, o quizás estés solo a agua. Hay personas que ayunan medio día (es decir, hacen una sola comida durante el día). Ningún tipo de ayuno es mejor o más “espiritual” que el otro.

El ayuno no es una competencia, sino una búsqueda. Si nunca ayunaste en tu vida, entonces comenzá con un ayuno corto. No vayas de cero a mil porque el impacto se va a sentir en tu cuerpo negativamente, y no es ese el objetivo.

#7 Un ayuno a largo plazo, no se improvisa.

Yo no recomendaría que comiences un ayuno después de leer esto (a menos que ya lo hayas planificado y te hayas encontrado de casualidad con este artículo). Planificá con tiempo cuándo sería mejor comenzar un ayuno (sobre todo, si es un ayuno largo) para que sea en días en los que estés más o menos libre de actividades.

Si tenés mucha demanda física, vas a sufrir la presión baja mucho más. Además, si tenés muchas actividades, va a ser difícil que le puedas dedicar más tiempo a la oración, el objetivo principal del ayuno. No recomiendo un ayuno largo a deportistas, por ejemplo, porque van a perder mucha masa muscular y no van a poder rendir. 

Por eso, es preferible que sea en un tiempo en el que tengas libre.

Si querés comenzar un ayuno a largo plazo, te recomiendo que leas sobre las consecuencias naturales del ayuno para que estés preparado ante cualquier eventualidad. Si conocés a alguien que ayune seguido, pedile consejos o ayuda si lo necesitás.

#8 El objetivo del ayuno no es una fórmula para perder peso.

La pérdida de peso es una consecuencia natural de la reducción de calorías que ingerimos (y esta consecuencia puede resultar muy positiva para algunos), pero ese no el motivo del ayuno.

Si necesitás perder kilos, entonces es más recomendable que sigas una dieta balanceada y equilibrada, porque la realidad es que los kilos que perdés producto del ayuno son de líquido y se vuelven a ganar de manera muy fácil ni bien uno empieza a comer normalmente.

Además, bajás masa muscular y el objetivo cuando bajás de peso es perder grasa, que solo se pierde con ejercicio aeróbico. Si solo buscás bajar de peso, por favor no ayunes porque te puede hacer muy mal a tu salud.

 #9 Todos debemos ayunar.

No hay personas a las que Dios les pida ayunar y otras a las que sí. Quizás algunas personas sí sientan de ayunar más días que otras, pero eso no significa que hay personas que no deban ayunar.

El ayuno es una práctica que todos deberíamos seguir, que te renueva, te llena de nuevas fuerzas, y te hace ver las cosas de una manera diferente. No es sano que un cristiano no ayune nunca, justamente por esos motivos.

¿Quién no necesita un renuevo de vez en cuando? Para eso es el ayuno. Si todos lo necesitamos, entonces todos necesitamos ayunar.

#10 El ayuno rompe con pecados, maneras de pensar, y adicciones. 

No es que el ayuno sea una fórmula mágica, pero cuando decidimos entregarle todo nuestro tiempo al Señor, algo se desata y se rompe.

Yo recomiendo ayunar a todos, pero sobre todo a aquel que esté atrapado en ciclos de pecado, o que tenga una manera muy negativa de pensar, o que esté atravesando un momento de depresión. El ayuno tiene el poder de romper con todo lo que no proviene de Dios, y de cambiar el corazón para bien.

En la próxima entrada, voy a ampliar más sobre algunos puntos y a comentar más respecto a cómo comenzar un ayuno, qué hacer durante el mismo, los fundamentos bíblicos para ayunar en el Nuevo Pacto, los beneficios del ayuno, y qué sucede cuando ayunamos.

 

¿Vos practicás ayuno o te interesaría hacerlo? ¡Contamelo!

Si tenés alguna duda, podés dejármela en un comentario o en un mensaje privado.

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