Un viaje de vuelta a la humildad

un viaje de vuelta a la humildad

Originalmente subido el 9/1/15

Sé que puedo ser algo dramática a veces, pero esta vez no exagero al decir que estas últimas dos semanas literalmente fueron las peores de mi vida. Tuve muchas pruebas y problemas tan grandes, que creí no salir de algunos de ellos. Mientras más me esforzaba por sortear una situación, más me hundía. Parecía estar luchando contra arenas movedizas…

Mañana salgo a mi primer viaje misionero a la ciudad de Monterrey, México.

Fueron muchas las cosas que se interpusieron para que no asista: me robaron toda la plata del viaje, se murió mi perro desangrado, me quedé sin trabajo, me peleé con todo el mundo… ¡todo eso en la misma semana! Pero para la gloria de Dios mañana voy a estar abordando el vuelo 904 que me llevará a la bella tierra mexicana. Mentiría si dijese que no pensé en abandonar, pero heme aquí, Dios fue más grande que mi situación y que yo misma, y mañana me embarco en lo que será el viaje más increíble del mundo (o al menos, así va a ser para mí).

No me avergüenza decir que tuve que dejarme vencer por Dios para que esto se diera… De a ratos, mi incredulidad me ganaba y me sentía una cristiana apenas convertida que no entendía nada, pero de a otros, me sentía Gedeón. Un péndulo, literalmente. Todo lo que no hay que hacer. 

Luego de una las peores pruebas que tuve que superar esta semana, en donde casi podía sentir al diablo gritándome toda clase de mentiras, Dios me mostró algo. En mi frente, había todavía un gran interrogante que decía: “¿Por qué?”

Estas últimas dos semanas en vez de orar por esta misión a México, estuve “orando” de esta manera: ¿Por qué me tuve que quedar sin trabajo? ¿Por qué se tuvo que morir mi perro de una manera tan horrible? ¿Por qué me tuvieron que robar el dinero para el viaje? ¿Por qué me tiene que doler tanto la cabeza? ¿Por qué a todos les va bien, y a mi mal? ¿Por qué….? ¿Por qué? ¡¿POR QUÉ?!

Cuando el Señor fue tan gráfico en mostrarme mi situación, primeramente me alegré de que me haya hablado de una manera tan simple (¡Dios es tan hermoso y bueno!), pero luego me vi a mi misma hace un año atrás, y me preocupé… Yo ya no soy la misma de ese entonces, ¿o sí?

Ahí me di cuenta de algo muy sencillo, pero que en mi incredulidad no podía ver: Yo siempre tuve dos opciones para manejar los inconvenientes: O aprender de cada situación, orar mucho más, y preguntarle al Señor “¿Qué aspecto de mi identidad en Cristo querés mostrarme con esta situación?” (lo que no hice), o preocuparme, culparme, cargar pesos de más, deprimirme y escuchar la voz del enemigo (lo que  hice)

Llorando como nunca, le pedí perdón al Señor.

Mi error fue creer que en algún punto este viaje era por causa mía y Dios tuvo que venir a recordarme que no es así: Si hago algo, es siempre (y siempre va a ser) por causa de Cristo y la Iglesia, y si no lo hago, también. Si me preocupo y me culpo a mí misma por las situaciones que vivo, es porque pienso que dependen de mí. Si dependen de mí, no dependen de Dios. Si no dependen de Dios, no dejo que intervenga… Y si no interviene el Padre no es más ni menos que ORGULLO, porque llanamente estoy pensando “YO PUEDO HACER LAS COSAS MEJOR QUE VOS, DIOS, POR ESO DEJAME QUE YO ME ENCARGO”

Mi trabajo no es siempre entender y tratar de tener la razón. Mi trabajo es confiar de que a pesar de que no entiendo nada, sé que Dios cuida de mí y que todas las cosas me ayudan para bien. 

Me di cuenta que había estado tanto tiempo metida dentro de mí, que me había olvidado lo que se sentía estar realmente dentro del corazón del Padre. Mis oraciones ya no eran la de una hija hablando con su Papá, sino las de un matrimonio discutiendo en el que solo uno de los cónyuges tiene la palabra. Hacía dos semanas que no adoraba a Dios tranquila con mi guitarra, porque ahora usaba ese tiempo para hacer cuentas y pensar en el porqué de las cosas. Pero como Dios es tan amoroso y no mira mis errores sino mi corazón, cuando vio que me arrepentí de mi orgullo, me perdonó y me restauró… Creo que Dios estaba desesperado por mostrarme las cosas que van a acontecer en México. Y ahora que lo sé, puedo decir con certeza que ESTE VIAJE VA A SER TREMENDO.

¿Por qué antes no escuchaba la voz de Dios? Por causa de mi orgullo humano, disfrazado de “yo puedo hacerlo”. Literalmente, viví estos versículos de Santiago 4: 5-8:

“¿Acaso piensan que las Escrituras no significan nada? Ellas dicen que Dios desea fervientemente que el espíritu que puso dentro de nosotros le sea fiel. Y él da gracia con generosidad. Como dicen las Escrituras:

«Dios se opone a los orgullosos
    pero da gracia a los humildes»

Así que humíllense delante de Dios. Resistan al diablo, y él huirá de ustedes. Acérquense a Dios, y Dios se acercará a ustedes. Lávense las manos, pecadores; purifiquen su corazón, porque su lealtad está dividida entre Dios y el mundo. Derramen lágrimas por lo que han hecho. Que haya lamento y profundo dolor. Que haya llanto en lugar de risa y tristeza en lugar de alegría. Humíllense delante del Señor, y él los levantará con honor.

Quizás te encuentres cansado o pienses que Dios no te habla, o que solamente bendice a algunos y eso te genera envidia… Mi palabra para hoy es “humillate delante de Dios, y él te va a levantar con honor.”

Dios no tiene favoritos, sino que tiene personas que lo tienen a Él como favorito. Es justamente al revés: Nosotros nos acercamos a Dios, y Él se acerca más. Nosotros nos alejamos y Él se aleja, pero el que siempre determina cuán distante va a estar Dios, es uno mismo.

Cuento esto que me pasó porque creo que parte de la reforma que estamos viviendo como Iglesia, es desmitificar que los líderes estamos rodeados de una cápsula ungida: al contrario, somos simplemente personas que aunque amamos a Dios, también nos equivocamos y por eso a veces también necesitamos de corrección.

Creo que el Señor está levantando una generación de líderes humildes delante de Él, que reconozcan sus propios errores y que puedan compadecerse de los errores de los demás. Cuando somos humildes, Él tiene libertad para transformarnos, como si tuviésemos un cartel de “Permitido transformar” en la frente, y cuando eso pasa, dominamos la situación y no viceversa.

Mi meta número uno para este 2015 es: “Señor, enseñame a ser cada día una persona más humilde delante de Vos. No quiero resistirme másACEPTO que tomes el control”

¡Que esa sea tu oración también!

 

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